domingo, 18 de enero de 2015

La aparición divina



(Foto: Cordópolis)


Confieso que en estos días, mientras paseaba por las calles de mi ciudad, cada vez que veía un grupo de jóvenes extranjeros con pinta de turistas– nada insólito en Córdoba –  creía ver a los miembros de la West-Eastern Divan, esa ejemplar idea de unir por la música culturas enfrentadas, y entonces,  buscaba la silueta característica de su jefe, de su maestro Barenboim, como una aparición divina… o más bien dívica.
La aparición no se me produjo en la calle, pero sí el viernes en el concierto en el que celebraban los 700 años de la fundación de la sinagoga de Córdoba.  Fuera del teatro hacía mucho frío, y dentro un calor tremendo, insoportable en mi cuarto paraíso, no producido por el lleno absoluto, sino por la deficiente aclimatación de nuestro coliseo… Pero bueno, era Barenboim el que se nos iba a aparecer en escena…
Y así fue, algo divino, o dívico, dejándonos algo exhaustos con la casi hora completa del Dérive 2 de Pierre Boulez para once músicos. Hay que ser muy melómano y cerebral para disfrutarla, pero como era Barenboim, se nos hizo más llevadero. No todos los días podemos contemplarlo.
Y en la segunda parte, aparecieron las sí divinas formas de Debussy y Ravel, explicadas a la multitud por el sumo sacerdote Barenboim. Con una disposición mahleriana de la orquesta, parecida a la que forma la Filarmónica de Viena en su Musikverein, la orquesta y su sumo sacerdote nos pasearon desde la escala cromática más influyente de la historia de la Música, a la percepción maravillosa de la España de Ravel, en un viaje fantástico: Rapsodia, Alborada y Pavana para un público entregado.
A la orquesta le quedaba el Bolero, y al público ver la auténtica dimensión del divo: tras dar la entrada a la caja, se sentó tras los violines primeros, junto al saxo, para ser uno más de los extasiados espectadores, demostrando no sólo que su orquesta puede tocar sola, sino que dominan una pieza en la que el tempo ostinato es una verdadera tortura, y un auténtico tour de force para los músicos ante la inevitable inercia de la aceleración… Orgiástico. Monumental aclamación y sonoros bravos, sin duda merecidos para una orquesta y un director, que conocen plenamente lo que tocan, y que disfrutan de ser  músicos… o magos, que es lo mismo.

Córdoba, Gran Teatro. 16 de enero de 2015. Boulez: Dérive 2; Debussy: Preludio para la siesta de un fauno; Ravel: Rapsodia española, Alborada del gracioso, Pavana para una infanta difunta, Bolero.Orquesta West-Eastern Divan. Daniel Barenboim, director.



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